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Thursday, March 06, 2008

..el deseo como filosofía....

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Ghost in the Shell


El DESEO COMO FILOSOFÍA

Judith Butler/ Regina Michalik



Entrevista con la filósofa estadounidense Judith Butler, durante su estadía en Berlín, en mayo de 2001, por invitación de la Academia Americana. La entrevista fue realizada por Regina Michalik.

R.M.: -Judith, Ud. se denomina feminista - ¿Cómo identifica su trabajo? ¿Considera que hacer filosofía es parte del movimiento feminista? ¿Es simplemente su trabajo? ¿O es algo político?

J.B.: -A veces es simplemente un trabajo filosófico, a veces es un trabajo político. Supongo que no es sólo político. Desde muy temprana edad he estado enseñando sobre feminismo, escribiendo acerca de temas feministas. Mi disertación fue sobre 'el deseo' que es una cuestión política, pero también filosófica. Siempre me he interesado por la tradición de la libertad sexual en el feminismo. Me han preocupado mucho las propuestas muy normativas o muy represivas del feminismo. Estoy en contra de las normativas y a favor de la libertad sexual. Siempre he odiado ese dicho que afirma que el feminismo es la teoría y el lesbianismo debe ser la práctica. Les quita sexualidad a las lesbianas. Yo me hice lesbiana a los catorce años y no sabía nada de política. Me hice lesbiana porque quise alguien muy profundamente. Y luego me hice política a partir de ello, pero como resultado. Odio ese dicho, porque creo que las mujeres bisexuales y heterosexuales dentro del movimiento feminista deben ser respetadas, conjuntamente con sus deseos

R.M.:-Ud. es protagonista del movimiento "queer"* y lo ve como radicalmente democrático y sexualmente progresista

J.B.:-Sí, pero no siempre es democrático, puede caer en los mismos patrones que otros movimientos. Cuando surgió realmente suspendía la cuestión de identidad. Algunas personas dicen que es un juego moderno, jugando a los sexos y ese tipo de cosas. No creo que eso sea verdad. Creo que políticamente es la bancarrota de las políticas de identidad y que demuestra que debemos pensar como coalición para que las cosas se hagan. Que no importa con quién dormimos. El movimiento queer era anti institucional con una crítica a la normalización: uno no tiene que volverse normal para convertirse en alguien legítimo.
Para mí "queer" es un expresión que desea que uno no tenga que presentar una tarjeta de identidad antes de ingresar a una reunión. Los heterosexuales pueden unirse al movimiento queer. Los bisexuales pueden unirse al movimiento queer. Ser queer no es ser lesbiana. Ser queer no es ser gay. Es un argumento en contra de la especificidad lesbiana. Que si soy lesbiana tengo que desear de cierta forma, o si soy gay tengo que desear de cierta forma. Queer es un argumento en contra de cierta normativa, de lo que una adecuada identidad lesbiana o gay constituye.

R.M.:-El movimiento feminista de los Estados Unidos había sido un ejemplo para nosotras durante largo tiempo. Fue militante, fue fuerte. Actualmente, este tipo de movimiento colectivo parece no existir. Ahora más bien son los individuos que pelean. Individuos que trabajaban juntos de tiempo en tiempo.

J.B.:-Depende de lo que se está buscando para encontrar el movimiento. Yo diría que el movimiento para obtener derechos reproductivos ha sido fortalecido, de cierta forma, por la elección conservadora. Existen dos organizaciones nacionales muy fuertes que tratan de garantizar los derechos reproductivos y son muy efectivas. Creo que la organización nacional para la mujer es muy efectiva, así como otras. El problema es que existen enormes diferencias culturales entre feministas. Tienen que ver con la sexualidad y con la raza. Siempre tenemos el problema de cómo ubicar al movimiento anti pornográfico dentro del feminismo y el movimiento contra el acoso sexual. La ley de acoso sexual es muy importante, sin embargo creo que sería un error que la ley sobre acoso sexual fuese la única forma que los medios de comunicación conozcan al feminismo. Así ellos pueden creer que es un movimiento de pureza sexual y no uno de libertad sexual. Los medios más populares describen al feminismo como un movimiento de pureza sexual.

El otro problema es que siempre se ha visto como un movimiento de la burguesía blanca. Si se busca a las dirigentes, es casi seguro que esto sea cierto pero no es completamente la verdad. Creo que hay dos razones que sostienen esa creencia : una tiene que ver con el anti feminismo en las comunidades minoritarias y el temor de que el feminismo las aleje de las preocupaciones y prioridades definidas por (las) esas minorías. La segunda es que el feminismo no ha establecido coaliciones efectivas con grupos antiraciales.

El liberalismo en los Estados Unidos se basa mucho en la identidad. Perteneces a un movimiento de mujeres o a la asociación nacional para la promoción de las personas de color. Siempre se afirma: esta es mi identidad y es donde pertenezco. Así que si una es una mujer de color, tiene que elegir. O, tienes que ir a más y más reuniones hasta agotarse. El problema es que el liberalismo americano hace que todos tengan que elegir una identidad demasiado deprisa y una identidad muy estrecha. Por ejemplo, en el activismo del SIDA con relación a toda la crisis en África para obtener medicinas a precios razonables, no hay una organización gay fuerte que se esté preocupando por este tema. Las organizaciones importantes ahora están luchando por obtener el derecho a casarse.

R.M.:-¿Esto no será un problema de los Estados Unidos en su totalidad, muy enfocado en sí mismo, mirando sólo a los Estados Unidos, o simplemente a su propio estado dentro de los Estados Unidos?

J.B:-Tiene razón. A veces mira a otros países, por ejemplo con el asunto de los derechos humanos. Pero luego tiende a imponer su propio programa cultural a otros países. Y, como americana activista de los derechos humanos tengo que ser muy cuidadosa y aprender cómo hacerlo. Cuando algo como una ideología de internacionalismo ocurre, casi siempre es una ideología de americanismo. Casi siempre es la noción de que los Estados Unidos sabe lo que son los derechos humanos, -a pesar de su propia cultura racista- y realmente, exportan esta noción. Creo que tiene que ver con la trasmisión cultural: como nos posicionamos frente a los demás, lo que significa aprender otro idioma, no sólo otro idioma, otro leguaje político, como la gente organiza, como funcionan políticamente, como establecen sus reivindicaciones.
R.M.:-No sólo en un mismo país hay grandes diferencias. Tampoco existe un movimiento feminista americano, como no hay un movimiento feminista alemán. Tuvimos la experiencia con la forma de pensar de las feministas occidentales que creyeron que podían decirles a las mujeres de Alemania Oriental lo que tenían que hacer y lo que es ser feminista. La interrogante es: ¿cómo trabajamos en conjunto con tantos movimientos feministas diferentes? ¿Cuál podría ser el punto en común?

J.B.:-Existen algunas diferencias que probablemente no puedan superarse. Pero el punto es que las feministas deben trabajar en coaliciones. Existe una tradición de este tipo de trabajo en el movimiento de derechos civiles en los Estados Unidos, con coaliciones entre grupos de iglesias y grupos radicales totalmente anti religiosos. Se lograron superar las diferencias para combatir el racismo porque entendieron cual era su meta común. Esta idea de coaliciones no es común en los movimientos de la mujer. No es sólo la culpa de las mujeres, sino de los gobiernos, de la forma que uno adquiere legitimidad, la forma en que se adquiere reconocimiento. El gobierno favorece cabildeos con grupos de interés promoviendo acuerdos y esto trabaja en contra de las coaliciones. Creo que esto no es así en la mayoría de los países europeos. Hay que formar coaliciones para obtener los votos que se necesitan.

Otra gran diferencia entre Europa y América se refiere al liberalismo. En Europa, especialmente las feministas italianas de Milán, dicen que algunos derechos son específicos. La diferencia sexual es parte crucial de la naturaleza humana y por lo tanto hay que dar a las mujeres cierta cantidad de posiciones. Las mujeres han sido históricamente privadas de estas posiciones y ahora la obligación del gobierno es que puedan lograr la igualdad.

En los Estados Unidos la lucha por los derechos es liberal en otro sentido. No es liberal en el sentido que el liberalismo significa libertad. Es liberal en el sentido que no es radical. No se interesa en una transformación social radical. Se interesa en obtener el acceso a derechos existentes. Y en asegurarse de que los derechos existentes sean distribuidos en forma equitativa. En los Estados Unidos como la política se basa en los derechos, generalmente es muy, muy normativa. Este es el problema con el caso de los matrimonios gay. La lucha por matrimonios gay ha hecho invisible casi toda otra consideración sobre el tipo de arreglos sexuales que los seres humanos quieren tener las diferentes relaciones de parentesco que pueden haber. Deberíamos pensar en forma más radical acerca de la transformación social de las instituciones.

R.M.:¿Qué hay de la biotecnología como forma de transformación social? Las feministas están en contra de la biotecnología y la posibilidad de producir niños tecnológicamente. Pero, ¿no debería haber una lucha feminista a favor de la biotecnología y la posibilidad de tener niños solas y de esta forma no reproducir la manera de pensar binaria de masculino y femenino, el viejo sistema heterosexual?

J.B.:-No. No para mí. Estoy en contra de lo que llamamos ingeniería social de todo tipo. No debemos estar seleccionando los tipos de seres humanos que deben hacerse. Y no creo que debemos luchar por la biotecnología para poder superar la heterosexualidad. El punto es que sólo los heterosexuales utilizan la tecnología de la reproducción todo el tiempo. Cuando una pareja heterosexual quiere tener niños generalmente obtienen acceso de una forma u otra a la tecnología de la reproducción. Pero me pregunto ¿se le da a las parejas gays o a las mujeres solas el mismo acceso a ese tipo de tecnología? Para mí es una cuestión de políticas de acceso.

Tal vez es cómo se cría al niño lo que hace a la diferencia de género, o los papeles que tienen las madres y los padres. Lo que encuentro realmente triste es que frecuentemente se le prohibe a gays o a mujeres lesbianas o solas el adoptar a un niño, cualquier niño refugiado, debido a las políticas internacionales de adopción. Las organizaciones internacionales de adopción no consideran a una pareja de lesbianas o de gays. Y no consideran a una mujer sola, o sólo a veces. Incluso dos mujeres que son pareja tendrían que mentir asumiendo que sólo una de ellas estaría adoptando al niño, lo cual generaría muchos problemas, legales y psicológicos. Hay cantidad de niños que necesitan un hogar y hay muchas parejas gay y lesbianas que quieren adoptar niños, es terrible que no existan medios institucionales por los cuales se pueda lograr esto. Supongo que muchas veces las mujeres lesbianas recurren a la reproducción asistida, porque se les prohibe adoptar un niño por ley. O, no pueden encontrar una agencia que las represente. También algunas mujeres quieren tener su propio niño biológico por alguna razón. Debo decir que nunca lo pude entender. Pero obviamente debe respetarse. Existen alianzas con hombres gay. El hombre gay ofrece su semen y puede convertirse en parte del parentesco más amplio, ella no necesita tener relaciones sexuales con él para tener el semen. Este nuevo sistema de parentescos es muy interesante. Por eso no me interesa la ingeniería social, me interesa el acceso igualitario a las tecnologías reproductivas y me interesan las nuevas formas de parentesco.

R.M.:-¿Cómo es la situación legal en los Estados Unidos?

J.B.:-Varía de Estado a Estado. Cuando una es madre lesbiana en Virginia y tiene problemas con la ley, el juez puede quitarle a su niño por considerarla una madre 'inadecuada'. Allí no se puede adoptar si se sabe que es lesbiana. Yo vivo en el Norte de California. Vivo en el paraíso. Pero aún así, yo fui rechazada por la agencia de servicios sociales que me correspondía porque no tenían una categoría para mí cuando adopté a mi hijo. Me respondieron: parece una buena madre, pero no tenemos una categoría para que las lesbianas puedan adoptar, por lo tanto no la podemos aceptar. Y el juez tuvo que revertir esta decisión, así que en mi caso tuve suerte. Pero podría haber estado en otra parte de California donde el juez hubiera dicho que no.

R.M.:-El feminismo cambió mucho: hay menos mujeres en la calle, menos acciones concretas, menos manifestaciones, menos militancia en el sentido antiguo. ¿Cree que necesitamos pensar más, tener más filosofía? ¿El movimiento feminista, debería invertir más tiempo en la filosofía?

J.B.:-Nunca pensé que mi trabajo sería leído por mucha gente. Soy densa, soy abstracta, soy esotérica. ¿Por qué sería popular? Pero políticamente es importante que la gente se pregunte '¿Qué es posible?' Y que crean en la posibilidad. Porque sin el movimiento de la posibilidad, no hay movimiento hacia adelante. La idea de que la gente pueda vivir su género de forma diferente, o que pueda vivir su sexualidad de forma diferente, que pueda haber lugar para una vida políticamente informada, feliz, placentera, sustentable, vivible, fuera del escondite. La filosofía hace pensar a la gente en posibles papeles, les proporciona una oportunidad de pensar el mundo como si fuera de otra forma. Y la gente lo necesita. Durante mi trabajo en el movimiento de derechos humanos, vi que los activistas se quemaron muy rápidamente, se agotaban totalmente y luego siempre querían volver a la escuela, querían leer. Las lecturas los llevaron de vuelta a lo que creían. Les proporcionó imágenes y visiones de futuro. Creo que un movimiento tiene que tener vida, tiene que tener una vida intelectual, de lo contrario sólo repetirá algunos de sus términos. Debe tratar de revisar sus propias creencias a la luz de las nuevas circunstancias políticas.
R.M.:-¿Cree Ud. que el impacto político de la filosofía es subestimada?

J.B.:-Marx era un filósofo, y Engels y Emma Goldman y Rosa Luxemburgo.

R.M.:-Tiene razón, pero hablando de Rosa Luxemburgo, no fue su filosofía, sino sus acciones concretas en las calles las que tuvieron impacto en la política.

J.B.:-Sí, es verdad. Pero fueron acciones realizadas por principios. ¿De dónde surgen nuestros principios? Existe un deseo por la filosofía, un deseo muy popular.

R.M.:-Y Ud. como filósofa es muy popular también.

J.B.:-Sí, lo sé. Pero no siempre en un sentido positivo. A veces me utilizan como una especie de ejemplo de la monstruosidad. Tiene que ver con puntos de vista homofóbicos o explícitamente anti semitas o misóginos. Tal vez le preocupa a la gente que sea tan claramente lesbiana, y no una lesbiana femenina. Mi tesis sobre la construcción social parece asustar a la gente, la idea de que el sexo es culturalmente construido. Parecen tener miedo de que estoy evacuando cualquier noción de lo real, que hago creer a la gente que sus cuerpos no son reales o que las diferencias sexuales no son reales. Creen que soy demasiado carismática y que estoy seduciendo a los jóvenes. Pero también que marco una generación entre las feministas mayores y una generación más joven de pensamientos "queer" y temen que pueda haber una brecha. Soy anti puritana, no soy la típica profesora. Me recibí de profesora a una edad muy temprana, a los 34 años. Y, además, existe una especie de anti americanismo en la gente, aunque creo que podría ser un error de catalogarme como un ejemplo del imperialismo americano o del imperialismo cultural americano.
La parte judía es muy importante también.

R.M.:-¿Es importante para Ud. personalmente?

J.B.:-Ha tenido influencia en mi marco ético y político y aún lo tiene. No soy religiosa, pero practico algo. Y quiero que mi hijo lo aprenda como una tradición cultural más que como una práctica religiosa.

Soy una buena chica judía del Medio Oeste, con bastante buena educación. Mi familia era de Hungría y de Rusia y mantuvieron vínculos con Europa. Muchos de mis familiares vivieron allí en la década del treinta y se murieron durante la Guerra. Mi abuela siempre fue muy clara y quiso que yo volviera a estudiar a Europa, así que vine a estudiar a Heidelberg en 1979. Mi madre y su generación estaban preocupadas por mi viaje a Alemania y pensaron que podría ser difícil siendo judía. Pero mi abuela me dijo: "Sí, anda a Alemania. Los judíos siempre fueron a estudiar a Praga, a Berlín, sí, anda."

R.M.:-Y aquí esta de vuelta. Muchas gracias por venir, Judith.

Wednesday, February 27, 2008

caos,homofobia,camp,queer: adicción, teoría y métrica

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Caos

CAOS nunca murió. Bloque primordial sin esculpir, único excelentísimo monstruo, inerte y espontáneo, más ultravioleta que ninguna ideología
(como las sombras antes de Babilonia), la homogénea unidad original del ser todavía irradia serena como los negros pendones de los Asesinos, perpetua y
azarosamente ebria.

Caos precede a todo principio de orden y entropía, no es ni Dios ni gusano, sus deseos insensatos abarcan y definen toda posible coreografía, todo éter y
flogisto sin sentido sus máscaras son cristalizaciones de su propia falta de rostro, como las nubes.

Todo en la naturaleza es perfectamente real incluyendo la conciencia, no hay absolutamente nada de lo que preocuparse. No sólo se han roto las cadenas de
la Ley, es que nunca existieron; los demonios nunca guardaron las estrellas, el Imperio jamás se fundó, a Eros nunca le creció la barba.

No, escucha, lo que ocurrió fue esto: te mintieron, te vendieron ideas sobre el bien y el mal, te hicieron desconfiar de tu cuerpo y te avergonzaron de tu
profesión del caos, se inventaron palabras de asco por tu amor molecular, te mesmerizaron con su indiferencia, te aburrieron con la civilización y con
todas sus roñosas emociones.

No hay devenir, ni revolución, ni lucha, ni sendero; tú ya eres el monarca de tu propia piel; tu inviolable libertad sólo espera completarse en el amor de
otros monarcas: una política del sueño, urgente como el azul del cielo.

Despojarse de todos los derechos y dudas ilusorias de la historia exige la economía de una legendaria edad de piedra; chamanes y no curas, bardos y no
señores, cazadores no policías, recolectores de pereza paleolítica, dulces como la sangre, van desnudos como un signo o pintados como pájaros, en
equilibrio sobre la ola de la presencia explícita, sobre el ahora y siempre sin relojes.

Los agentes del caos dirigen candentes miradas a cualquiera que sea capaz de atestiguar su condición, su fiebre de lux et voluptas. Sólo estoy despierto en
lo que amo y deseo hasta el punto del terror; todo lo demás no es sino mobiliario amortajado, anestesia cotidiana, cagadas mentales, aburrimiento subreptil
de los regímenes totalitarios, censura banal y dolor inútil.

Los Avatares del caos hacen de espías, saboteadores criminales del amour fou, ni altruistas ni egoístas, accesibles como niños, con los modales de los
bárbaros, excoriados de obsesiones, en el paro, sensualmente perturbados, ángeles-lobo, espejos de contemplación, ojos como flores, piratas de todo signo y
sentido.

Aquí estamos arrastrándonos por las grietas entre las paredes de la iglesia estado escuela y fábrica, todos los monolitos paranoicos. Separados de la tribu
por una nostalgia feraz escarbamos túneles tras las palabras perdidas, las bombas imaginarias.

El último acto posible es la que define la propia percepción, un cordón de oro invisible que nos conecta: baile ilegal en los pasillos del juzgado.
Si hubiera de besarte aquí lo llamarían un acto de terrorismo; así es que llevémonos las pistolas a la cama y despertemos a la ciudad a medianoche como
bandidos borrachos celebrando con andanadas, el mensaje del sabor del caos.



believe



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...homofobia...




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sobre lo camp y lo queer....


Los análisis de Judith Butler han contribuido a poner en cuestión que
la relación entre sexo y género es algo natural (como ha establecido
históricamente el discurso médico). Butler define esta relación
entre sexo y género como performativa, y normalizada de acuerdo a
reglas heterosexuales. Por ello señala, si las acciones de
las Drag Queens suscitan risas o censuras es porque ponen de
manifiesto los mecanismos performativos a través de los cuales se
produce una relación estable (un proceso de repetición regulado)
entre sexo y género.
¿Qué tiene que ver todo esto con las estéticas camp? El
término "camp", que significa afeminado en inglés clásico, se comenzó
a utilizar a partir de los años 60 para referirse a la teatralización
de la feminidad en la cultura gay, sobre todo en relación
a una serie de prácticas performativas que adquirieron un carácter
colectivo y político (drag queens, demostración pública de la
homosexualidad,etc.). Estas prácticas tenían un enorme potencial
subversivo al poner de manifiesto la artificiosidad de las
diferencias de género y romper la frontera entre el ámbito cerrado de
la representación escénica (o de la recreación doméstica) y el
espacio público de la reivindicación política.
Coincidiendo con los primeros documentos sobre las prácticas Drag
Queens (entre otros el documental The Queen de Andy Warhol) la
escritora estadounidense Susan Sontag publicó en 1964 un influyente
artículo sobre la cultura camp (Notas sobre el Camp) en el que
redefine el término (que en su nueva acepción vendría a designar el
amor/gusto hacia lo antinatural, artificioso y exagerado) y lo
incorpora como criterio de análisis de la historia y la teoría del
arte. Un gesto que implicó una excesiva
estetización del concepto, descargándolo de su original potencialidad
política. Para Sontag el camp es un conjunto de técnicas de
resignificación (donde convergen la ironía, lo burlesco, el pastiche
y la parodia) que simboliza la nueva sensibilidad posmoderna. La
autora de ensayos como Sobre la fotografía o El sida y sus metáforas,
vincula el camp con el pop, ya que ambos movimientos hacen un uso
paródico de las representaciones y objetos de la cultura popular.
Linda Hutcheon en Theory of Parody define la
parodia como una manipulación intertextual de una multiplicidad de
convenciones de estilos (por ejemplo, los códigos de masculinidad).
En este sentido, podríamos decir que desde un punto de vista queer el
género sería una convención de estilos y las prácticas camp (como las
de la cultura butch-fem o del SM) su manipulación intertextual. Y si
esa convención no existiera, la manipulación sería imposible (esto
es, si el género no existiera no habría lugar para el camp). La
teoría queer aplica estos presupuestos paródicos en su interpretación
de la cultura butch-fem (prácticas lesbianas en las que una parte de
la pareja es aparentemente femenina y la otra aparentemente
masculina) que ha sido tradicionalmente deslegitimizada por el
feminismo al considerar que suponía la repetición de normas
heterosexuales. Según la teoría queer la cultura butch-fem entiende
la masculinidad como una convención de estilos (habitualmente
asociada al poder y la autoridad) que se puede citar, manipular,
descontextualizar y deformar para provocar efectos no previstos.
Hutcheon frente a Sontag concibe el camp no sólo como una operación
del gusto (como un criterio estético) sino como un complejo proceso
de resignificación que a través de un mecanismo paródico transforma
los códigos de género en el momento de su recepción (no en su
producción). En un régimen heterosexual que produce los códigos
dominantes de la masculinidad y la feminidad asignándole su estatuto
de identidad sexual original (mientras el resto de las variantes
sexuales como la homosexualidad serían consideradas sólo una
imitación, una "mala copia"), la resignificación paródica que realiza
la cultura camp supone el acceso a un cierto dispositivo de poder. Es
decir, según Hutcheon, las prácticas camp pueden entenderse como un
camino a través del cual los márgenes de la cultura sexual en un
sistema heterocentrado (gays, lesbianas, transexuales, deformes,
trabajadores del sexo,...) intervienen en los procesos de
construcción y significación de las convenciones e identidades de
género, introduciendo sus propios códigos en el momento de la
recepción. "Y no hay que olvidar, que este
proceso de resignificación tiene un enorme potencial subversivo".
Desde un punto de vista queer, Moe Meyer en su obra Poetics and
politics of camp define el camp como el uso político de la
performance, a diferencia del kitsch donde la parodia y la ironía
están ya vaciadas de intencionalidad política. La noción de camp, por
tanto, cuestionaría la relación excluyente entre política y arte que
ha promovido el discurso de la modernidad, al considerar la
representación estética como un mecanismo de producción política. Moe
Meyer califica como camp todas aquellas prácticas de resignificación
que desenmascaran la construcción normativa de las convenciones de
género (entendidas siempre en relación a otros factores como la clase
o la raza), desde las prácticas Drag Queens y Drag Kings a la cultura
butch-fem.
Las culturas camp y queers entendidas como procesos de contestación
política de minorías de gays, lesbianas y transgéneros a los
mecanismos sociales de normalización de la identidad sexual (o en
otras palabras, como movimientos que se oponen a la globalización
normativa de las categorías de género y sexo) también llevan a cabo
una profunda redimensión ética. "No es anecdótico, aseguró Beatriz
Preciado, la elección de un término despectivo para autodenominarse
(camp en su acepción original significa afeminado y queer maricón y
bollera), sino que implica una inversión, tan consciente como
radical, de todo un sistema de valores éticos y morales".

Sobre la noción de performatividad
Para entender y contextualizar la concepción de la identidad de
género como el resultado de la "repetición de invocaciones
performativas de la ley heterosexual" que han desarrollado teóricas
queers como Judith Butler o Eve K. Sedgwick, es necesario analizar la
noción de performatividad lingüística formulada por Austin y la
relectura que hizo de la misma Jacques Derrida.
Desde un análisis pragmático del lenguaje (es decir, en términos de
contexto e historicidad) el británico J.L Austin llegó a la
conclusión de que cada vez que se emite un enunciado se realizan al
mismo tiempo acciones o "cosas" por medio de las palabras utilizadas.
Ese es el punto de partida de su "teoría de los actos de habla" que
apareció publicada en su libro póstumo How To Do Things With Words
(1953), traducido al español como Cómo hacer cosas con palabras.
Palabras y acciones. En esta obra Austin clasifica los actos de habla
en dos grandes categorias:

- Constatativos: enunciados que describen la realidad y pueden ser
valorados como verdaderos o falsos.
- Performativos: actos que producen la realidad que describen. Estos
a su vez se pueden dividir en:
* Locutivos. Producen la realidad en el mismo momento de emitir la
palabra (lo que les dotaría de un poder absoluto). Por ejemplo, la
declaración de matrimonio de un sacerdote.
* Perlocutivos. Intentan producir un efecto en la realidad, pero ese
efecto no es inmediato sino que está desplazado en el tiempo (y, por
tanto, existe una posibilidad de error).

Derrida duda de la naturaleza ontológica de los actos performativos
que plantea la teoría de Austin en la que la fuerza del lenguaje para
producir la realidad parece proceder y depender de una especie de
instancia teológica (de una voz originaria anterior al discurso).
Para el autor de Márgenes de la filosofía la efectividad de los actos
performativos (su capacidad de construir la realidad/verdad) deriva
de la existencia de un contexto previo de autoridad. Esto es, no hay
una voz originaria sino una repetición regulada de un enunciado al
que históricamente se le ha otorgado la capacidad de crear la
realidad. En este sentido, la performatividad del lenguaje puede
entenderse como una tecnología, como un dispositivo de poder social y
político.
A su vez, los textos de Judith Butler, Teresa de Lauretis y otras
teóricas queers subrayan la aplicación de esas tecnologías (la
existencia de ese contexto previo de autoridad) en enunciados
concebidos como actos constatativos del habla. Desde esta
perspectiva, los enunciados de género (es niño o niña) aparentemente
describen una realidad, pero en realidad (valga, en este caso, la
redundancia) son actos performativos que imponen y re-producen una
convención social, una verdad política. Todo esto conduce a la re-
definición de la noción de género en términos de performatividad
postulada por Judith Butler, intentando desmarcarse de la connotación
prioritariamente estética que ha adquirido el término performance.
Según la ensayista estadounidense, la identidad de género no sería
algo sustancial, sino el efecto performativo de una invocación de una
serie de convenciones de feminidad y masculinidad. "Una invocación,
precisó Beatriz Preciado, que necesita repetirse constantemente para
hacerse normativa, por lo que se puede operar una inversión y generar
la subversión del efecto performativo". Así, con la apropiación de un
término originalmente insultante como queer, se produce una inversión
performativa que subvierte el orden discursivo de la ley
heterosexual.

***